Si bien la mayoría de las artes marciales provienen del continente asiático y el lejano oriente, occidente ciertamente ha producido artes marciales fidedignas y ha adoptado prácticas de sistemas orientales tradicionales. Pero además del lugar de origen, hay otras desigualdades que distinguen a estas disciplinas. A continuación te mostramos 3 diferencias clave entre el Kárate oriental y occidental.

1.- La cultura

En Occidente, muchas personas ofrecen la práctica del Kárate como cualquier otro servicio o producto. Se ve al estudiante como un cliente; a los visitantes del dojo se les tilda de “prospectos” e incluso se llaman a sí mismos “CEO”. Los cinturones son vendidos, formalizan contratos vinculantes, se paga por mejorar la estrategia de mercado, entre muchos otros aspectos propios de una cultura capitalista.

En Oriente, el concepto de gestionar un dojo como una empresa es impensable. Por ese motivo, los sensei suelen tener un trabajo secundario, porque la idea de monetizar su experiencia en Kárate es inconcebible. Esto se debe a que para los orientales las artes marciales tradicionales forman parte de su identidad cultural y filosofía de vida, y definitivamente no se trata de una actividad que procura un beneficio económico.

2.- La orientación

Cuando se trata de orientación, en occidente estamos muy centrados en el establecimiento y logro de metas y objetivos. Si bien no hay nada de malo en eso, la visión oriental del Kárate –y de las artes marciales orientales en general– se enfoca más hacia el viaje, es decir, se centra en alcanzar, no en lograr.

Por esta razón, las artes marciales orientales, utilizan el sufijo “do” adjunto, el cual hace referencia a “camino”. Por supuesto, esto no alude a un camino literal, sino a un camino espiritual, a un viaje constante de autodescubrimiento.

3.- Aprender haciendo

Los occidentales somos bien conocidos por nuestra propensión a hacer preguntas. Normalmente, el estudiante de Kárate occidental quiere saber “qué”, “por qué” y “cómo” antes de intentar un ejercicio. De lo contrario, no ve una razón para hacerlo.

En Oriente, es todo lo contrario. El estudiante de Kárate está más que animado a descubrir las respuestas a sus interrogantes por medio de la práctica, el aprendizaje ocurre mediante el acto de hacer, y es que el rol de un sensei no es responder preguntas, sino ayudar al autodescubrimiento.

Conclusión sobre las diferencias entre el Kárate oriental y occidental

Lo delineado hasta ahora pone en evidencia la importancia de, en primer lugar, establecer metas basadas en “hacer” en lugar de “lograr”. Esto te puede permitir mantenerte motivado, plantearte metas ambiciosas y, por supuesto, disfrutar del “viaje”.

En segundo lugar, en tu práctica del Kárate procura un diálogo interno en el que te cuestiones a ti mismo para seguir progresando. Esto te ayudará a descubrir métodos de entrenamiento, técnicas y  patrones de movimientos que mejor se adapten a tus necesidades y requerimientos.

Finalmente, quienes ofrecen la práctica del Kárate deben esforzarse en priorizar el propósito sobre el beneficio. No hay nada de malo en ganar dinero, pero aquí debe prevalecer el concepto de integridad, promoviendo que los estudiantes sean conscientes de sus cuerpos y de cómo están vinculados a la energía de su entorno.

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