Un león no utiliza su fuerza indiscriminadamente; solo la usa para servir, proteger y defender la manada. Tal como muestra este ejemplo, la verdadera fuerza no debe usarse para explotar a otros, y en lo que respecta a las habilidades de autodefensa, solo deben usarse para derrotar al enemigo.

Si bien todas las técnicas de lucha y combate son extremadamente importantes para poder defenderte, la verdadera fuerza y habilidad más importante en defensa propia es la capacidad de pensar, y es que el verdadero arte de la autodefensa es evitar la violencia, lo que requiere capacidad intelectual.

Reconoce las amenazas

En este sentido, es fundamental contar con la capacidad de diferenciar entre una “amenaza baja” y una “amenaza alta”. A continuación, te mostramos dos ejemplos de posibles amenazas “bajas” y “altas”.

1.- Una persona que está agitada porque estacionaste en “su” espacio. Como resultado, comienza a gritar y a hacer gestos de cebo para una pelea.

2.- Un criminal de carrera que acaba de salir de prisión por violencia agravada se ha embarcado en una noche de violencia para obtener beneficios económicos. Esta persona se asegurará de moverse con sigilo y astucia para ocultar sus verdaderos motivos en público.

El sentido común nos dice que el “criminal de carrera” es mucho más peligroso que una persona que no sale conscientemente de la casa para cometer actos violentos. El entrenamiento de autodefensa debe afrontar estos problemas para poder escapar ilesos de posibles situaciones de conflicto.

La preparación mental es la verdadera fuerza

Para abordar estas cuestiones, debes ver el problema desde la perspectiva de las estrategias preventivas, un objetivo esencial del concepto de autodefensa.

Adoptar “reglas” de sentido común es el primer paso para mantenerse seguro en la calle.  Por ejemplo, evitar caminar solo en horas cuando hay pocas personas alrededor, no exhibir joyas caras o un reloj lujoso, o “aislarte” con auriculares reproduciendo música a todo volumen.

Como nos muestra el código de color de Coopers, si deambulamos en “condición blanca”, las posibilidades de poder reconocer una amenaza son muy escasas. En la mente de un atacante experimentado, una emboscada es siempre mejor que una confrontación directa.

Por lo tanto, no deambules por lugares que faciliten una emboscada. Si por casualidad te adentras en un área “dudosa”, revisa sus alrededores y las posibles vías de escape. Además, ten en cuenta las zonas de emboscada obvias.

Si te encuentras en una situación en la que alguien te está “mirando fijamente”, entonces es hora de cambiar a “condición naranja / rojo”.  Un depredador escaneará una multitud de personas para identificar a las “víctimas”. En esencia, están buscando “debilidades” en las personas, eligiendo un “objetivo suave” para que, cuando ocurra el conflicto, las posibilidades de dominar a la víctima elegida sean altas y la posibilidad de daño a sí mismos sea bajo.

Autodefensa preventiva

Los depredadores pueden ser oportunistas, buscando puntos de emboscada y rutas de escape para evadir la captura. El remedio a estos siniestros motivos es la autodefensa preventiva. En primer lugar, si tu “instinto” te dice que algo anda mal con una persona en particular, actúa sobre la base de ese sentimiento y sé proactivo; permite que esa persona sepa que tienes una clara comprensión de la situación y del peligro potencial que representa.

Camina de manera positiva y con confianza, enviando señales de que no eres un “objetivo fácil”. Si entras en una confrontación, el primer curso de acción podría ser decir con voz firme y autoritaria algo como: “¡Qué quieres!”

El agresor puede, en este punto, simplemente alejarse. Pero pase lo que pase, has alertado a los que te rodean de un problema (los delincuentes no quieren llamar la atención sobre sí mismos), y en segundo lugar, interrumpes su bucle OODA.

Si la advertencia verbal al agresor no tuvo éxito, entonces debes adoptar el “proceso preventivo de espacio seguro”. Estarás constantemente observando dónde están sus manos y evaluando tu entorno, buscando objetos que sean útiles para defenderte y también buscando puntos de escape.

Estas habilidades solo se pueden aprender en escenarios de entrenamiento, y en una época en la que los delitos violentos están aumentando, ¿cómo no invertir una parte de tu tiempo en protegerte a ti mismo y a tus seres queridos? Como en el caso de los leones, esa es la verdadera fuerza en autodefensa.

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